A levél, amit a fiam a tanárnő fiókjában hagyott

que encontró aquello, fuera lo que fuera. Sus manos temblaban un poco cuando me tendió el sobre. Blanco. Négyszögletes. De los que uno encuentra en cualquier cajón de cocina.

Al frente, con la letra de mi hijo —esa mezcla specific de imprenta cuidadosa y cursiva apurada que nunca terminó de solver— había dos palabras: Para Mamá.

Las rodillas se me aflojaron. Apoyé una mano en la pared.

—Lo encontré en la esquina de atrás del cajón inferior de mi escritorio —dijo ella con esa voz de quien se pregunta cómo pudo no verlo antes—. No sé cuánto tiempo llevaba ahí. Lamento tanto haber tardado.

—No te disculpes —dije, aunque no estaba segura de estar hablándole a ella oa la situación entera.

Me llevó a una pequeña sala de reuniones con una mesa rectangular, dos sillas y una ventana que daba al campo deportivo. Yo solía recoger a Owen en ese

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